martes, 22 de marzo de 2011

premio Nobel de física Max Planck (1858-1947), señaló:

La materia concreta es mera apariencia. La materia no existe, nace y permanece unida gracias a una Fuerza que activa las partículas haciéndolas vibrar. Se debe admitir que detrás de esa Fuerza está la presencia de un Espíritu consciente e inteligente, el cual es el fundamento esencial de todo.
Ahora bien: como a su vez los seres espirituales no pueden ser por sí mismos, sino que deben ser creados, no vacilo en denominar a ese misterioso Creador como lo han nombrado todos los pueblos cultos de la Tierra en los pasados milenios: Dios. El átomo abre a la humanidad la puerta a un mundo perdido y olvidado del espíritu.
La ciencia nunca se halla en situación de explicar en forma concluyente y decisiva los problemas con que tiene que enfrentarse.
La investigación científica nos proporciona los detalles de los fenómenos, más la comprensión de estos es esencialmente metafísica.
No podemos penetrar científicamente en el mundo del espíritu, para ello deberíamos traspasar el umbral del ego individual en el cual las leyes y aun los sistemas científicos no tienen cabida ni la tendrán nunca.