miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cuerpo, mente y universo cuántico - Artículo revista CUERPOMENTE Nº167


Los microscopios y los telescopios más potentes nos revelan universos paralelos. La Física Cuántica ayuda a entender esos misterios y también es un pilar clave en el puente que une la materia y la conciencia.
Hoy en día cada vez aparece con más frecuencia el término cuántico, tanto en los círculos universitarios y en la tecnología como en el mundo de la medicina energética, incluso en las conversaciones entre compañeros y amigos.
La Física Cuántica estudia los fenómenos que ocurren en el mundo atómico y subatómico, es decir, en el dominio de los átomos, de sus núcleos y de las partículas elementales, consideradas los ladrillos fundamentales de la materia. Pero la Física Cuántica no es una realidad ajena a nosotros, ya que constituye parte fundamental de nuestra vida a través de numerosas aplicaciones, desde los transistores, los diodos, los semiconductores y las células fotoeléctricas hasta la generación de energía en las centrales nucleares. La resonancia magnética, la superfluidez y la superconductividad, el láser son otras aplicaciones de esta teoría de lo diminuto, por no nombrar el futuro prometedor de la computación cuántica, que abre posibilidades no imaginadas en la velocidad de procesamiento. De hecho, la aplicación de la Mecánica Cuántica ha cubierto todo el rango de escalas, desde las astronómicas distancias de la Cosmología (complementando teorías sobre el estudio del Universo), hasta las extremadamente pequeñas de la Física de Partículas.


El cuerpo humano está hecho de luz

Los experimentos en Física de Partículas han demostrado que, en el nivel de las partículas elementales, toda materia es energía, dicho de otra forma, la materia es luz congelada. En los laboratorios de altas energías, partículas y antipartículas se aniquilan, dando lugar a energía radiante y de la pura energía nacen parejas partícula-antipartícula. El mundo cuántico es mágico: continuamente en su seno tiene lugar un proceso de creación y de destrucción. Energía y materia no son más que dos polos de la misma esencia, de la misma sustancia universal. El hombre mismo está formado de la materia misma del Universo: de luz pura y radiante

El término cuántico proviene de quantum, que es la unidad más pequeña de que está constituida la luz y cualquier forma de energía electromagnética. Por lo tanto, la energía radiante está formada por infinidad de quanta (plural de quantum), cuya energía está relacionada con la frecuencia de vibración. Cuanto más rápidamente vibra una partícula, más energía tendrá. La relación entre la energía y la frecuencia viene dada por un número muy pequeño, la constante de Planck, que es del orden de 10-34.
El concepto de que la energía estuviera dividida en pequeñas unidades surgió gracias a la teoría de Planck, el año 1900. Esta fecha representa el nacimiento de la Física Cuántica. Gracias a este nuevo concepto de la energía Planck pudo explicar con éxito las propiedades observadas en la radiación emitida por un cuerpo radiante debido a su temperatura.


De la materia a la energía

Los experimentos en Física de Partículas han demostrado que en el nivel cuántico toda materia es energía. Esta equivalencia deriva de la famosa ecuación de Einstein, E=mc2, donde E representa la energía de un sistema material, m, la masa, y c la velocidad de la luz en el vacío (300.000 km/segundo). En los laboratorios de altas energías se han observado procesos de aniquilación entre partículas para dar lugar a energía pura, y el proceso inverso, creación de materia y antimateria a partir de quanta de luz. El mundo cuántico parece mágico: continuamente tienen lugar en su seno procesos de creación y de destrucción. Energía y materia son dos polos de la misma esencia. El ser humano está formado de la materia misma del Universo: de luz radiante. Cada ser humano tiene su banda energética característica o aura. Desde tiempos remotos conocemos su existencia. Históricamente se sabía que, por ejemplo, alrededor de los santos había una fuente energética que emanaba de las manos o de la cabeza.


El Universo como esponja 


La Tierra se halla en uno de los brazos de la Vía Láctea, una galaxia en espiral con un diámetro de 100.000 años-luz y 100.000 millones de estrellas. Nuestra galaxia, junto a otras treinta, configura un cúmulo llamado Grupo Local.
La galaxia de Andrómeda es la más cercana a la Vía Láctea. Está a unos dos millones de años-luz.
El Cúmulo de la Virgen es el gran cúmulo más cercano a nosotros. Contiene miles de galaxias. Toda esta población es tan sólo el comienzo de una serie sin fin. El Grupo Local, el Cúmulo de la Virgen y unos 400 cúmulos más forman el Supercúmulo Local. Los cúmulos que lo componen están salpicados por enormes vacíos.
Los supercúmulos se organizan en una especie de filamentos y cintas de materia que otorgan una estructura esponjosa al Cosmos. Visto a una escala de 100-300 millones de años-luz el Cosmos presenta esta estructura lagunar, similar a la de una esponja.
Universos-burbuja. Podríamos imaginar enormes burbujas de jabón, de las cuales las paredes serían las galaxias y el interior los vacíos. Stephen Hawking, en su libro El Universo en una cáscara de nuez, compara nuestro mundo con una enorme burbuja cósmica. Podría decirse que vivimos en una «pared», como bolas en una mesa de billar, ignorando las otras dimensiones que existen bajo la superficie.

Las terapias energéticas 


El ser humano es un sistema de energías en vibración continua. Las moléculas de que se compone cualquier clase de materia están en constante vibración. Lo mismo sucede con los átomos y las partículas subatómicas. En realidad, cada átomo, cada molécula y cada célula tiene una banda electromagnética de cierta amplitud en la cual emite energía electromagnética y la absorbe. Así, está en comunicación con el mundo exterior, transmitiendo y recibiendo, vía su espectro de frecuencia resonante. Gracias a esto podemos interactuar con el cuerpo y beneficiarle en caso de enfermedad con la ayuda de un amplio abanico de terapias vibracionales, como son la homeopatía, las esencias florales, la acupuntura, la cromoterapia... Estas técnicas influyen sobre la coherencia e intensidad del sistema energético humano. La coherencia representa una relación armónica entre las partes de un sistema y se hace imprescindible para estar sano física, mental y emocionalmente.
Durante la segunda mitad del siglo XX, Herbert Fröhlich y Fritz Albert Popp estudiaron este patrón coherente en los seres vivos. Se descubrió que, a partir de cierto umbral energético, las moléculas vibran al unísono y se comportan como una sola supermolécula. Así se pudo detectar una emisión lumínica coherente por parte de los átomos similar a una emisión de luz láser. La emisión láser es una emisión estimulada de luz coherente, amplificada y de una sola frecuencia que se propaga en una única dirección. En los seres vivos esta radiación recibe el nombre de radiación mitogenética de láser y constituye el llamado campo biofotónico, que también puede medirse en los alimentos. Debido a esta propiedad podemos afirmar que el ser humano constituye un complejo cuántico donde existe un patrón de onda totalmente coherente. Para favorecer esa coherencia se puede interaccionar con el cuerpo mediante terapias que utilizan la luz y el color. En la cromoterapia los siete colores del espectro permiten actuar sobre los centros energéticos básicos del hombre, llamados chakras. Utilizando la luz, los cristales de cuarzo son extremadamente coherentes en su vibración.

Todo está interconectado 


Otra propiedad del campo biofotónico es la de ser holográfico, es decir, cada parte contiene la información de la totalidad. Existe una conectividad instantánea entre cada parte, propiedad inherente al principio de no-localidad. Este principio, predicho por la mecánica cuántica, fue llevado a la práctica en 1982 por Alain Aspect. Su experimento demostró que alterando el movimiento de rotación (el spin) de un fotón, el otro quedaba afectado al instante, como si conociese la modificación sufrida por su «compañero».
Esto llevó a pensar que cada punto del Universo contiene información de la globalidad. Nuestro Universo sería un inmenso holograma cósmico con una cantidad ilimitada de información. El holograma nos ofrece un modelo único para comprender la estructura energética del Universo, así como la multidimensionalidad del ser humano. Puede afirmarse que nuestro cuerpo contiene un patrón holográfico de energía, llamado cuerpo energético holográfico o cuerpo bioenergético, que trasciende el marco conceptual de la energía física, ya que incluye la conciencia.

La cara oculta de la realidad 


El vacío fértil. En Física Cuántica no tiene sentido hablar de un vacío absoluto. En su seno encontramos vida pulsante. El espacio «vacío», donde no hay materia ni radiación, está repleto de partículas elementales -partículas virtuales- que aparecen y desaparecen fugazmente del mundo cuántico.
La antimateria. Es una imagen especular de la materia.
La antimateria responde a las fuerzas naturales de idéntica forma a cómo lo hace la materia. Así, protones y antiprotones, electrones y positrones tienen la misma masa, energía, etc, pero carga eléctrica opuesta. No nos ha de extrañar la existencia de antimundos construidos a partir de antibariones, constituidos éstos por tres antiquarks. Materia y antimateria se pueden aniquilar mutuamente y producir una cantidad elevada de energía radiante.
En el nivel cuántico, la conciencia es parte integrante, y la realidad cuántica dista de ser objetiva. Esto significa que el observador forma parte íntegra de la realidad cuántica. Un ejemplo clásico es el de la dualidad onda-partícula. Cada ente en el Universo posee doble faceta, la de ser onda y la de ser partícula. Esta doble naturaleza se ha comprobado en el experimento de Young de la doble rendija. En él se hace incidir un haz de electrones sobre una pantalla perforada con dos rendijas estrechas. El haz las atraviesa y «dibuja» una imagen sobre una segunda pantalla donde se registra el ritmo de llegada. La imagen muestra unas franjas de interferencia brillantes y oscuras, características de un movimiento ondulatorio, es decir, los electrones son detectados como ondas. Pero si se coloca un detector de partículas a la salida de la primera pantalla, obligamos a que estos electrones interactúen con el dispositivo y se comporten como partículas. Así que depende del observador el que la realidad cuántica se manifieste como onda o como partícula.
Somos partícipes del mundo cuántico; lo crucial es que no es la unidad subatómica quien «decide» si se manifiesta como onda o como partícula, sino el observador.

La unión con el Cosmos 


La Física Cuántica es un pilar clave en el puente que une materia y conciencia, estableciendo una dimensión nueva para el conocimiento del cuerpo y la mente. Esa doble faceta de mente y cuerpo se relaciona con esa propiedad básica del mundo cuántico: la dualidad onda-partícula o bien de energía y materia. Dicha dualidad también aparece en la filosofía taoísta en la interacción dinámica de las dos fuerzas polares (yin y yang) o en la filosofía hermética, que afirma que las diferentes manifestaciones de la materia, la mente y el espíritu son resultado de distintos estados vibratorios.
El modelo del hombre visto como un complejo mecanismo de relojería cambia con el nuevo paradigma cuántico, que define al hombre como una entidad energética en armonía con un universo también energético. Está emergiendo un nuevo lenguaje en que cuerpo, mente y espíritu se funden en una sola esencia.

Teresa Versyp
La Física Cuántica abarca esta dimensión energética del ser humano y permite estudiarla desde el método científico. Esta faceta energética incluye la mente. La cultura oriental describe este cuerpo energético humano, teniendo en cuenta diferentes planos de conciencia según la frecuencia de vibración de sus partículas (cuerpo físico-etérico, emocional, mental, espiritual). Este conjunto material-energético se compara a una flor de loto cuya raíz sumergida en la tierra representa la vida material, el tallo que se abre camino a través del agua el mundo emocional, y los pétalos que se despliegan hacia el cielo la vida espiritual.




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