EL MUNDO QUE TE RODEA de ERNEST HOLMES

 


¿QUÉ PIENSAS DE TI MISMO?


Alguna vez te has preguntado en lo más mínimo la imagen que tienes de ti mismo? Si la respuesta es no, te haría bien dar un buen repaso a tus ideas.

Un artículo de una revista británica de medicina, The Practitioner, señalaba concretamente que los médicos debían tener cuidado con lo que piensan de sus pacientes, porque parece haber fuertes indicios de que, de algún modo, los pacientes reaccionan según la idea que el médico tiene de ellos. Si el médico cree que los pacientes no mejorarán, eso parece que se contagie a la actitud de los pacientes y éstos no sanan.

Por lo que respecta a la relación que esta idea guarda con nuestro pensamiento, nunca insistiremos lo suficiente en que, si lo que otros piensan sobre nosotros afecta de algún modo a nuestra experiencia. ¡cuánto mayor no será el efecto que nuestras propias ideas tienen sobre nosotros!

Vivimos según pensamos. Si nuestros pensamientos siempre versan sobre la enfermedad, el fracaso y las malas relaciones, a quién va a sorprender que nunca nos libremos de tales experiencias?.

Poco podemos hacer para cambiar lo que los demás piensan de nosotros, pero sí podemos hacer mucho por la idea que tenemos de nosotros mismos. Es que acaso nos podemos permitir pensar en nosotros de otro modo que no sea teniendo siempre en mente las mejores experiencias deseables. Ya tenemos bastantes problemas a diario como para encima crearnos los problemas adicionales que se derivan de la naturaleza negativa de nuestro pensamiento. Si queremos influir en los demás, debemos empezar a influir en nosotros mismos. Aunque cabe asegurarse de que tal influencia nos lleva en la dirección correcta.

LA IDENTIDAD

Saber que el gran Yo Soy está siempre a tu disposición te hace más fácil recurrir a Él y tomar conciencia de la presencia del Espíritu en tu interior. Gracias a la tranquila contemplación de la acción del Espíritu sobre todas las cosas, aprende a mirar con calma más allá de las apariencias y ver a través de ellas el lado invisible de la realidad que moldea cualquier condicionamiento y recrea todos tus asuntos de un modo más próximo al esquema divino.

Con una visión espiritual más penetrante puedes disipar los obstáculos, retirar cualquier obstrucción, disipar los condicionantes erróneos.


Di: Ahora busco la salud en lugar de la enfermedad; la riqueza en lugar

de la pobreza; la felicidad en vez de la tristeza.

Al mejorar mi dominio sobre el sentido de la negación,

sea ésta el dolor o la pobreza, estoy probando

cómo actúa la Ley de la Mente.

Cualquier pensamiento inspirado en el temor o

en la limitación desaparece de mi conciencia.

Sé que mi palabra transmuta la energía en acción constructiva

y produce salud, armonía, felicidad y éxito.

Sé que hay algo en el centro de mi ser que está

absolutamente seguro de sí mismo.

Posee una seguridad absoluta y me da a mí

la completa certeza de que todo está bien.

Mantengo mi condición de Ser Divino, aquí y ahora.



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del Libro LOS PENSAMIENTOS SON COSAS  es muy agradable y escueto





LA VIDA COTIDIANA de ORISON SWETT MARDEN

 



LIBRO: LA ALEGRÍA DE VIVIR


                                                                                                      

Feliz quien puede llamar suyo el día en que vive y para sus adentros piensa:                                    mañana Dios dirá, porque ya viví hoy.

DRYDEN

La tierra más querida es la en que se que se halla la alegría.

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SI UN habitante de cualquier otro planeta visitara los Estados de la Unión Americana, tal vez creyera que las gentes van de marcha para un muy ulterior destino y están allí vivaqueando como en estación del viaje, sin desembalar de su impedimenta más que lo estrictamente necesario para una temporánea detención.


El visitante encontraría muy pocas gentes satisfechas de su cotidiana vida, pues echaría de ver que la 
mayor parte tienen la vista puesta en algo más allá de hoy, en algo que ha de sobrevenir mañana. No están estas gentes definitivamente establecidas ni en verdad viven en el hoy y en el ahora, sino que confían en vivir mañana, el año que viene, cuando sus negocios prosperen y se acreciente su fortuna y se muden a la casa nueva con nuevos muebles y adquieran el nuevo automóvil para desechar todo cuanto ahora les molesta y rodearse de comodidades. Les parece que entonces serán felices, pues hoy no disfrutan verdaderamente.


Tenemos la vista tan enfocada en lo por venir, en alguna ulterior finalidad, que no echamos de ver las glorias  y bellezas de nuestro alrededor. Enfocamos los ojos en las cosas lejanas y no en las cercanas. Tan acostumbrados estamos a vivir en los anticipos de nuestra fantasía, que debilitamos la facultad de disfrutar cotidianamente de la vida. Vivimos para mañana y cuando el mañana llegue seguirá habiendo otro mañana. Somos como niños en persecución del arco iris. ¡Qué delicia si pudiéramos atraparlo! Pasamos la vida traficando con el porvenir y construyendo castillos en el aire. Nunca creemos haber llegado; siempre esperamos que aún ha de llegar la época ideal de nuestra vida.


La mayoría estamos descontentos, inquietos y nerviosos y nos consideramos infelices. Hay en nuestros 
ojos una lejana mirada que denota cuán descontentos estamos de la vida cotidiana, pues no vivimos en la actualidad del día, sino que ocupa nuestras mentes algo más allá de lo presente.


Para la generalidad de los hombres; fuera mejor vivir en cualquier parte menos donde rectamente debieran vivir día por día. Muchos se transportan al pasado para recordar las favorables coyunturas que perdieron, las magníficas ocasiones que desaprovecharon; pero en este recuerdo malgastan el precioso presente, que hoy les parece de poca estima y que mañana justipreciarán en todo su valor.


¡Cuántas virtudes y cualidades echamos de ver en pesarosa retrospección una vez pasaron más allá de nuestro alcance! ¡Cuán brillantes oportunidades se nos representan, luego de desvanecidas! ¡Qué de cosas haríamos si se nos volviesen a deparar!


Muchas gentes malogran su dicha con el recuerdo de infortunados errores o amargas experiencias de un pasado infeliz. Para ser dichoso es necesario ahuyentar, borrar, sepultar y olvidar todo cuanto sea desagradable o despierte en nuestra memoria tristes recuerdos, pues nada pueden hacer estas cosas por nosotros, sino minar la vitalidad que necesitamos para la enmienda de nuestros errores y el reparo de nuestros infortunios.


En un Congreso de Agricultura le preguntaron a un viejo labrador qué terreno le parecía más a propósito para cierta especie de fruto, a lo que respondió diciendo: “No importa tanto el pedazo de tierra como el pedazo de hombre”. En efecto, el labrador entendido en su arte saca provecho del suelo pobre, mientras que el labrador desmañado vive con penuria en el más fértil terreno.


La felicidad no tanto depende de las circunstancias favorables, como de la actitud de nuestra mente. No 
basta entresacar la felicidad de condiciones ideales, porque así lo hace cualquiera; sólo el alma equilibrada y dueña de sí misma será capaz de hallar la felicidad en el más inhospitalario ambiente. Hay que llevar consigo la felicidad, so pena de no hallarla en ninguna parte.


Nuestra desazón proviene de que confiamos demasiado en lo extraordinario e insólito y desdeñamos las 
ordinarias flores del sendero de la vida, en cuyo perfume podríamos aspirar consuelos y deleites.


Muchas gentes que honradamente se esfuerzan en cumplir lo mejor posible sus deberes, difícilmente advierten cuán hacedero les fuera encontrar la felicidad en las monótonas y prosaicas profesiones a que por necesidad están sujetos. Excelente lección les darían a estas gentes las abejas, que, sin perder instante del día, liban la miel en flores ponzoñosas y malezas que, a nuestro parecer, no sirven para nada bueno.


Si alguna vez somos felices, será porque de nuestro ambiente habremos entresacado la felicidad, no obstante sus vejatorias condiciones de inquietud y desaliento.


No conoce el gran secreto de la vida quien no sabe forjarse por sí mismo la felicidad en el trabajo cotidiano, con todas sus pruebas, contrariedades, obstáculos, molestias y contratiempos. De esta órbita de cotidianos deberes, de la violenta y torcedora contienda de la vida diaria, de la discrepancia de opiniones y actitudes de este cicatero mundo de las compraventas, hemos de libar la miel de la vida, como la abeja extrae dulzuras de toda especie de flores y malezas.


Lleno está el mundo de inexplotadas minas de felicidad. Doquiera vayamos encontraremos variedad de materiales de los que, si supiéramos elaborarlos, extraeríamos la felicidad. “Todas las cosas tienen su valor, con tal que acertemos a estimarlas en lo que valen. Media felicidad está en las cosas menudas que tomamos al paso.”


Los hombres que en el mundo se mueven han de ser parte del mundo y actuar en la vida de ahora y sentir las punzadas de la civilización mientras se está representando el gran drama humano.


¿No advertís que precisamente estáis ahora en aquella época de vuestra vida qué tan rosada y radiante de promesas vislumbrabais en vuestra niñez y juventud? ¿No echáis de ver, en los corrientes días y semanas, aquella irisada representación del porvenir que embelesó vuestra juvenil fantasía, como el espejismo alucina en el desierto al fatigado caminante? ¿Nunca os habéis detenido a considerar que el tiempo que ahora desperdiciáis es el mismo que mirado un día desde lejos tan precioso os pareciera; que los momentos ahora tan escurridizos en vuestras manos son los mismos que prometisteis no soltar hasta arrancarles todo su provecho?


¿Por qué os parece ahora árido desierto el mismo paraje que, mirado con el telescopio del porvenir, os parecía paraíso? Porque vuestra vista anda extraviada y a vuestro alrededor miráis desde un punto falso. Estáis descontentos y desalentados y sois infelices porque no encontráis, como dice la fábula, el talego de oro al pie del arco iris; y entretanto desperdiciáis en inútiles lamentos el tiempo que, debidamente empleado, convertiría el para vosotros ahora desierto en el paraíso de vuestros ensueños juveniles.


Os imagináis que al llegar a las doradas tierras del porvenir van a caer los frutos en vuestro regazo sin labrar el suelo ni plantar y regar la semilla. Os figuráis que cosecharéis donde no sembrasteis. Estáis todavía mirando hacia adelante y corréis tras un espejismo. Algún día despertaréis para advertir, quizá demasiado tarde, que nada hay en la virilidad cuyo precio no se haya pagado en la juventud.


No podemos substraer nuestra vida del tiempo. ¿Cómo somos tan insensatos malgastando el tiempo, 
especialmente en la juventud, cuando nos esforzamos en trepar al árbol de la vida? Ni una hora desperdiciada podemos eliminar de la duración de nuestra existencia, y si no aprovechamos el tiempo, no acertaremos a mejorar nuestra vida.


¡Cuán pocos advierten la paridad entre el tiempo y su vida! Les parece a muchos que pueden desperdiciar el tiempo en todo linaje de locuras y disipaciones sin menoscabo de su vida, que, no obstante, es inseparable del tiempo. Considerad que cuando perdéis un día, o cuando, todavía muchísimo peor, lo desperdiciáis en placeres que desmoralizan y deterioran vuestro carácter con 
hábitos viciosos, echáis a perder con ello parte de vuestra vida, de modo que al llegar a viejos daríais cualquier cosa por recobrar el tiempo tan lastimosamente malgastado.


Sólo hay un medio de vivir con positiva eficacia: levantarse cada mañana firmemente resuelto a obtener el mayor provecho posible de aquel día y vivir durante todo él cumplidamente. Suceda o deje de suceder lo que quiera, que sobrevenga o no tal o cual cosa, resolvámonos a derivar algo bueno de cada experiencia de aquel día, algo que acreciente nuestro saber y que nos enseñe la manera de que al día siguiente sean menos nuestros errores. Digámonos: “Hoy comienzo nueva vida. Olvidaré cuanto en 
el pasado me causó pena, pesar o desgracia”.





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EL FLORECIMIENTO DEL NIÑO, NIÑA INTERIOR MAESTRA KWAN YIN

 







Amados hermanos, sean bienvenidos, les habla KWAN YIN.



Nuevamente tengo el placer de trabajar con ustedes y esta vez con un encargo muy especial. Necesitamos que cada uno aflore, desde lo más interno de su ser, a esa semilla que quedó sembrada desde el momento de su nacimiento, a esa semilla a la que hemos llamado el niño-niña interno y que, a medida que vamos creciendo y adaptándonos a las circunstancias de la vida, va quedando encerrada, ahogada, bajo el peso de una personalidad que se engruesa, se endurece y se vuelve inflexible; esa libertad de soñar y de actuar, sin normas, sin reglas, siguiendo únicamente el impulso del espíritu que alberga, y que a medida que maduramos va quedando limitada, encerrada, canalizada y sujeta a los permanentes juicios de una conciencia que ha sido impuesta por la sociedad.



A partir de hoy y en las siguientes sesiones, vamos a trabajar para los niños, y mis palabras estarán dedicadas a todos ustedes, a los niños del mundo y a los niños que han aprendido a ser adultos.



Yo solicité este trabajo ante los directores de la Jerarquía, porque consideraba, como una necesidad imperiosa, despertar a los niños que se han quedado dormidos en los cuerpos de los adultos. Considero que la inocencia y la candidez de la sonrisa infantil, no deberían nunca abandonar los labios de todas las personas; sin embargo, este proceso de maduración, en realidad, se vuelve un proceso degenerativo, en donde los valores naturales, que son la correcta expresión del espíritu que mora dentro del ser, van siendo coartados, hasta adquirir una personalidad ajena a las necesidades del ser; un carácter que no tiene otro objetivo que el de sobrevivir dentro de una sociedad agresiva y que, sin embargo, llena de conflictos a ese ser que se ve impedido de manifestarse en su natural expresión. Por esta razón, las lecciones estarán dedicadas a los niños y podrán servir como tema de cursos infantiles, para adultos y para niños, un lugar en donde no sea necesario separar a los padres de los hijos; unos cursos en donde verdaderamente no importe la edad, en donde verdaderamente todos hablen el mismo lenguaje, el lenguaje del sueño, de la magia y la imaginación. Así pues, adormezcan su conciencia y dejen volar, en completa libertad, a ese espíritu, eterno niño que mora en cada uno de nosotros. Este es el inicio.



Hace muchos años, en un país de ensueños, un poderoso rey habló a su hijo con estas palabras:



Hijo mío, ha llegado el momento en que debes aprender los 10 principios básicos de la vida; son 10 lecciones que te darán todo el conocimiento que necesitas para llegar a ser, algún día, el hombre más sabio del universo y el más feliz de toda la creación. Son 10 sencillas lecciones, pero que sólo tú podrás aprender, porque, aunque mucha gente querrá explicártelas, en realidad, todo lo que tendrás que hacer, será recordarlas.



Cuando nacemos, todo lo que necesitamos aprender lo llevamos dentro de nosotros; la vida, la naturaleza, el sol, las estrellas, los demás seres humanos, no son sino libros en donde tú podrás recordar tus lecciones internas. Vivimos en una gran escuela, la escuela de Dios, y a ti te corresponde recordar esos 10 principios fundamentales, para que puedas entender lo que Dios quiso decirnos cuando nos puso en esta creación suya.



Déjame explicarte algo: Para recordar cada uno de ellos, tendrás que visitar diferentes regiones del universo, tendrás que visitar diferentes planetas, tendrás que platicar con diferentes personas y, en ocasiones, con otras criaturas. Encontrarás magos y adivinos, laberintos y castillos, pero recuerda algo siempre, todo lo que necesites saber lo tienes dentro de ti; no importa qué tan complicado sea, no importa qué tan sencillo sea, cuando sientas alguna duda aparecer en tu camino, cuando no sepas qué acción tomar, cuando te veas en peligro o tus fuerzas flaqueen, voltea hacia dentro y ahí encontrarás lo que necesites. Todo ser humano, en algún momento de su vida, aprende las lecciones que tú ahora vas a aprender; a algunos les toma toda la vida, otros, en cambio, pareciera como si nunca las olvidaran. Tu camino es el camino de todos, tu meta es la meta que todos deseamos y andamos buscando, el cielo estará al alcance de tu mano y todo lo que necesites podrás encontrarlo dentro de ti. Los consejos, cuando los pidas a otras personas, tal vez te resulten ambiguos o confusos; cuando los consultes al cielo, estarán dados en claves o en enigmas; cuando los medites dentro de ti, serán transparentes como el agua; mil veces te será más sencillo preguntar, que investigar dentro de ti mismo; muchas veces tendrás la tentación de seguir lo que otros siguen, buscar donde los demás buscan, pero tendrás que recordar que tu camino es diferente al de todos los demás, porque tu camino es interno, las señales del mapa las llevas dentro de ti mismo, y aun cuando persigues lo mismo que los demás andan buscando, tu mapa es diferente.



Desconfía de lo que tus sentidos perciban; recuerda siempre analizar, a la luz de tu conocimiento interior, lo que la vida te ofrezca; no te dejes deslumbrar por los ropajes angelicales que pudieras observar en el camino, puede ser que oculten a un ser confundido; tampoco pienses, que aquellos que creen haber llegado ya al final del camino, puedan darte los consejos que tú necesitas.



Recuerda siempre, andas en busca de 10 lecciones; aunque tienes todo el tiempo del universo para encontrarlas, nosotros, tus padres, tus hermanos, tus seres queridos, contamos con un tiempo para esperarte; si lo logras en un tiempo razonable, estarás de vuelta con nosotros, pero si tardas más de lo necesario, a tu regreso ya no nos encontrarás, pues nosotros también estamos siguiendo nuestro camino. Si tú nos encontraras rápidamente, podrías regresar y ayudarnos y podrías darme consejos como hoy te los doy yo a ti, pero si tomaras más tiempo del necesario, tal vez ya no me encuentres y no encuentres a tu familia para seguirte apoyando y guiándote. Si alguna vez necesitaras de mi ayuda, búscame dentro de ti, nunca afuera, recuerda y tenlo presente siempre.



Pues bien, ponte de rodillas porque voy a darte mí bendición; de hoy en adelante caminarás por las regiones del universo en busca de los 10 principios. Mi mano te toca en la frente para despertar en ti la luz que te llevará, paso a paso y con seguridad, a los lugares en donde encontrarás los principios mágicos. Mi mano te toca en tus labios para que permanezcan callados cuando es preciso hablar poco, pero para que tengan la sabiduría necesaria para guiar a otros, cuando te sea solicitado. Mi mano te toca en el corazón, para que mantengas siempre presente los sentimientos de amor que deben impulsar a todo ser humano a ayudar a los demás y para que te mantengas al resguardo de las espinas que seguramente el camino tendrá para ti. Mi mano toca las tuyas para que nunca te falte la energía y la fuerza necesaria para apartar de tu camino los obstáculos y las tengas siempre libres para ayudar a los que encuentres caídos. Mi mano te toca las piernas para que nunca descansen, para que te puedan llevar a donde tu espíritu te indique, dócilmente, sin ninguna protesta. Hoy es el momento de partir, ve con Dios hijo mío y recuerda cada una de mis palabras. Vuela con el viento, viaja con el sol, aprende de las estrellas, y cuando hayas terminado tu jornada, regresa con los tuyos. Que así sea.



El príncipe partió hacia el infinito, viajaba en un rayo de sol y anduvo en busca de su primera lección. Sus pensamientos estaban confundidos; ¿Dónde tendría que buscar, cuál sería esa primera lección, a quién podría preguntarle? Partió sin rumbo fijo, todo lo que sabía era que iba al encuentro de 10 principios que lo podrían llegar a convertir en el hombre más sabio del universo y en el más feliz de la creación, o bien, si fracasaba, podría llegar a perder a su familia. Todo eso lo pensaba y lo repasaba una y otra vez, volteaba a su alrededor buscando alguna pista, buscando algún punto en donde empezar, pero todo era igual, estrellas, cometas, mundos que chocaban, mundos en formación, estrellas frías, solitarias, vagando por el espacio. ¿Dónde detenerse, cuál sería el primer punto donde podría él empezar su búsqueda? En su recorrido vio pasar a otros seres que, como él, andaban buscando algo; recordó las palabras de su padre: tu camino es sólo tuyo aunque todos anden buscando lo mismo. Entonces, decidió detenerse en el primer planeta que viera; decidió, que si todos los planetas y estrellas eras iguales, lo mismo daba empezar su búsqueda en una estrella lejana o en un planeta cercano y descendió en el primer planeta que encontró. Una vez en su superficie, empezó a caminar hasta que encontró a un ser y le dijo: Buen hombre, ¿Podrías tú indicarme cuáles son los 10 principios que debo aprender para ser el hombre más sabio en el universo?



Y el buen hombre le contestó: No puede haber hombres sabios en el universo, porque sólo Dios tiene la verdad absoluta y nosotros no podemos entender esa verdad.



Pero, ¿Quién es Dios?, preguntó el príncipe.



Mira hijo, Dios es el principio que anima a todos nosotros, es como una chispa de luz que ilumina tus noches cuando te encuentras solitario y te guía dentro de tus pensamientos cuando andas en busca de algo.



Mientras este diálogo se desarrollaba, pasó por allí otra persona.



Disculpen que interrumpa su plática, pero no es a Dios a quien tienen qué buscar, sino a Alá.



Y, ¿Quién es Alá? preguntó el príncipe.



Alá es el creador de todo lo existente, incluso, creó a ese Dios de quien te está hablando este hombre; Alá estuvo antes que todas las cosas en el universo y por Él vivimos y para El vivimos.



Esperen un momento, ¿Quieren ustedes decirme que Dios y Alá son seres muy poderosos dentro de esta creación?



Y el primer hombre contestó: Ese Dios tuyo que dices es Alá, en realidad no es sino un reflejo de mi Dios; Alá podrá ser tu guía, pero en cuanto a mí respecta, no tiene ningún poder ni sobre mi Dios ni sobre mí, porque Dios me protege.



Pronto se oyó una tercera voz que se unió al grupo, diciendo así:



Señores, dejen de discutir, pues todo lo que ustedes puedan ver, sentir y pensar, no es sino el sueño de Brahma. Brahma es ese gran ser de donde todo se deriva; vivimos como parte de ese sueño que Brahma creó en su mente por obra y gracia de su poder omnipotente; la imaginación de que existe un Dios o de que existe Alá, no es sino fruto de la voluntad de Brahma, el único que ha existido siempre, el único que existirá para siempre; aun nosotros, somos producto de su propio sueño.



El príncipe se fue alejando de esta conversación, pues lejos de aclarar sus dudas, empezaba a verse confundido, y mientras los 3 hombres seguían discutiendo acaloradamente, partió en su rayo de luz para abandonar ese planeta y siguió en busca de los 10 principios. Más adelante, decidió parar en una estrella cuyo brillo llamó su atención. Cuando llegó allí, observó a los jóvenes cantando y danzando y eso le pareció hermoso y decidió acercarse.



¿Me permiten unirme a su celebración? les preguntó.



Por supuesto que sí. En este lugar todos bailamos y adoramos a ese ser que nos ha creado; Y el niño preguntó: - ¿Quién es el que los ha creado?



Mira niño, el que nos ha creado a nosotros también te ha creado a ti y ha creado todo lo que puedas observar hacia arriba y hacia abajo, hacia la derecha o hacia la izquierda; todo esto ha sido creado por alguien que nos ama y que desea vernos felices por siempre.



Pero, ¿Quién es Él? insistía el niño.



No tiene nombre, algunos lo llaman Dios, otros lo llaman Alá, otros lo llaman Brahma, en fin, tiene muchos nombres, pero es el mismo.



El niño pensó haber encontrado una clave y siguió preguntando: - Díganme más acerca de ese principio, de ese ser tan poderoso que ha logrado crear todas las cosas.



Y los jóvenes, en sus cantos, decían: - Cómo quieres que te expliquemos la forma en cómo Él ha creado todo, si aún nosotros no somos capaces de entender cómo es que bailamos y cantamos.



Entonces, ¿Quieres decir que no puedes decirme nada acerca de ese ser tan poderoso?



Bueno, nadie lo ha visto, pero todos sabemos que existe.



Pero, ¿Cómo es posible que si nadie lo ha visto todo el mundo cree en Él?



Mira pequeño príncipe, tal vez tú no lo sientas, pero a nosotros nos basta con sentirlo dentro para saber que existe.



El niño subió nuevamente a su rayo de sol y partió más confundido que antes y sus pensamientos iban de un lado para otro diciendo: primero, ese ser tiene muchos nombres; después, me dicen que es el mismo; luego, me dicen que nadie lo ha visto y, sin embargo, todos creen en Él; ¿Quién podrá explicarme todo esto? Y siguiendo su camino, su vista atrapó a un objeto que se veía sombrío, sin luz. Decidió investigar, puesto que su aspecto era tan extraño y cuando llegó a ese objeto descendió en su superficie y preguntó:



¿Es ésta una estrella, o es acaso un sol?



Y el ser que se encontraba sentado en una roca le contestó: Esto solía ser una estrella, tal vez la más brillante de todo el universo, pero ahora ya no lo es.



Pero, ¿Qué fue lo que pasó, cómo es que perdió ese brillo?



Fue la Voluntad de Dios la que hizo que esta estrella se apagara y llenara de tinieblas este lugar que antes era maravilloso.



Un momento, dijo el niño; ¿Quieres decirme que Dios es tan malvado que le robó su luz?



Lo que quiero decir, es que si esto fue posible, fue porque Dios lo permitió.



Pero, ¿No hubo ninguna razón especial?, ¿Acaso Dios es capaz de quitar el brillo de cualquier estrella del universo sin tener alguna razón?



Si tuvo alguna no la entendería, yo sólo sé que antes podía divertirme y pasar días y noches disfrutando de la belleza de este planeta, pero de pronto todo se ensombreció y ahora estoy condenado a vagar en esta oscuridad y, únicamente, de vez en cuando llega alguien como tú y les comento mi historia.



El niño se levantó extrañado y siguió caminando por la superficie de ese frío y oscuro planeta. Más adelante encontró una flor, una maravillosa flor. Al verla, extrañado, se le acercó y le preguntó:



¿Cómo es posible que en este frío y oscuro planeta puedas haber florecido con unos colores tan bellos?



Y la flor le dijo: Yo soy la esperanza; anteriormente en este planeta vivían millones de flores como yo, todo era luz y alegría, pero los seres que nos cuidaban se olvidaron de sus responsabilidades; dejaron de pensar en nosotros y se ocuparon únicamente de bailar y de cantar; se olvidaron que tenían una responsabilidad con todos nosotros. Poco a poco mis hermanos y hermanas fueron muriendo y los seres no dejaban de bailar y de cantar, parecía como si hubieran olvidado que todos en el planeta éramos hermanos y que teníamos que cuidarnos unos a otros, y entonces, después de un tiempo, todos fueron muriendo y sólo quedé yo. Un día vino un ángel del cielo y me dijo: tú no morirás porque representas a la esperanza; algún día, los hombres despertarán de su sueño y te verán y te querrán cuidar y querrán que haya muchas otras como tú y, en ese momento, mis hermanas volverán a aparecer y este planeta será nuevamente luz y alegría.



El niño se entristeció y preguntó: Entonces, ¿Quieres decir que Dios no fue el que castigó a los hombres?



Yo soy sólo una flor y no conozco los designios divinos, sólo puedo decirte que nosotros éramos antes una gran familia, hombres y plantas, animales y flores, todos formábamos una gran familia; creo que seguramente Dios se regocijaba en nosotros, pero un día, los hombres olvidaron su responsabilidad y fuimos muriendo; yo creo que Dios es justo porque no dejó que todo muriera, y ahora que estoy aquí, espero que, algún día, los hombres disfruten y podamos todos volver a ser lo que antes éramos.



El niño, profundamente conmocionado, acarició a la flor, subió en su rayo de sol y partió, y muy dentro, una voz de majestuosa presencia le dijo: - Has encontrado la primera clave; Dios es el creador de todo lo que existe, tiene muchos nombres pero es el mismo y Él cuida de toda su creación, pero deja que los seres humanos aprendan a cuidarla por ellos mismos. Y el niño siguió su camino en busca de la segunda lección.



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