martes, 22 de mayo de 2012

ERNESTO WOOD - CONCENTRACION MENTAL Curso práctico de


                                    CAPITULO I                             Libro

EL BUEN ÉXITO EN LA VIDA

UNA ILIMITADA OPORTUNIDAD

¿Deseáis el triunfo en la vida? ¿Queréis los medios que infaliblemente lo aseguran? ¿Sois capaz de elegir y deciros: "Yo quiero riquezas; he de ser famoso; quiero ser virtuoso; he de ser poderoso"? Que nuestra imaginación obre sobre el pensamiento, y observad cómo las confusas nubes de la esperanza van tomando la forma de célicas posibilidades. Dadle alas a vuestra fantasía, porque más esplendoroso que el mejor cuadro que podáis hacer con el pensamiento es el futuro que podéis pretender mediante la voluntad. Una vez que la imaginación haya obrado, tan pronto hayáis escogido, decíos: "Yo quiero". Y nada hay en la Tierra que pueda detenemos por más tiempo, pues sois inmortal y el futuro tiene que obedeceros.

¿Decís que la muerte puede saliros al paso? No lo hará. ¿Decís que la pobreza, la enfermedad o los amigos pueden estorbaros? No será así. Nada puede ser obstáculo, a menos que lo permitáis. Pero debéis hacer vuestra elección, y en adelante ya nunca más desear otra cosa. Sino que debéis deciros: "Yo quiero". Y debéis decirlo siempre en pensamiento y en acción, y ya jamás en meras palabras. Y en adelante ni por un momento debéis cambiar de propósito, sino que vuestra constante intención debe hacer que todo lo que contáis vaya a serviros. Y entonces, si lo que habéis escogido no es perjudicial, antes de mucho será vuestro.

Habláis de la pequeñez del hombre, perdido entre los surcos de la madre tierra, y de esta tierra, una partícula de polvo en la inmensidad del espacio. No hay tal, pues las grandes cosas no se miden por su apariencia. Decís de las debilidades y fatigas, de los inmediatos placeres y locuras, las conveniencias y accidentes de la vida... de cómo estas cosas confirman y limitan al hombre pequeño.
No hay tal, pues todo puede llegar a utilizarse. El cuerpo es sólo una vestidura y los sentidos meros agujeros en el velo de la carne, y cuando éstos se aquietan y aquél es obediente, y la mente permanece en contemplación de sus inmortales posibilidades, se abre una ventana dentro de vosotros, y a través de ella veis y aprendéis que seréis lo que queráis ser... y nada más.

Como la débil semilla enterrada en el suelo irrumpe y lanza un tierno brote, que se abre camino a través del suelo y consigue verse libre a pleno aire, y llega a convertirse en una poderosa encina que puebla la tierra con porciones de sí misma, o como un gran baniano se extiende sin límites desde una pequeña raíz suministrando abundancia y hogar a miles de criaturas, así también lanzad en este día l primer brote, tierno mas no incierto, de la voluntad, y elegid lo que habéis de ser.

¿Qué escogeréis? ¿Queréis el poder? Dejad entonces que los demás sean más libres y poderosos, porque vos también lo sois. ¿Queréis el conocimiento? Como vos lo sois, que los demás sean también sabios. ¿Queréis amor? Dejad entonces que los demás gocen de él, ya que tenéis tanto que dar. De esta suerte estaréis acorde con la Gran Voluntad y la Gran Ley, y vuestra vida será una con la Gran Vida, sin la cual no puede haber triunfo permanente.
¿Que cuáles serán los medios? Todo lo que os salga al paso, grande o pequeño; porque no hay nada que no podáis usar como medio para vuestro fin. Pero recordado una vez más: que todas las personas y las cosas que uséis salgan beneficiadas con ello. Así vuestro triunfo será también el de ellas, y la Gran Ley se habrá cumplido.

EL TRIUNFO MEDIANTE LA CONCENTRACIÓN

Mas sea lo que fuere lo que elijáis, necesitáis de una cosa en todo momento y lugar: la concentración de propósito, de pensamiento, de sentimiento y de acción, de modo que ella, como un poderoso imán, polarice todo aquello en que intervenga. Se necesita para el buen éxito en todo lo que se persigue en la vida.
Los hombres que han triunfado en los negocios, en la vida social y política, en el arte, la ciencia y la filosofía, en el poder y la virtud, han descollado todos por una inflexible fijeza de propósito y dominio de la mente, si bien muy a menudo, nada cuerdos, han despreciado la Gran Ley.
¿No ha sucedido siempre, no sucede actualmente, y no ha de acaecer en el futuro, que en tanto que el progreso dependa del esfuerzo humano ha de realizárselo mediante la actividad sistemática y persistente del dominio de los deseos y la concentración de la mente, y que sin esto no se lo consigue?


Leed la vida y penetraos de la filosofía de cualquier hombre decidido, o de la sociedad o secta a que perteneció, y encontraréis registrado este hecho. Los epicúreos de antaño concentraban la mente en el presente y trataban de vivir de acuerdo con las leyes naturales. No permitían que la mente se detuviera a lamentarse en nada ya pasado, ni que tuviera temor o ansiedad por el futuro. Los estoicos fijaban la atención sobre todo aquello que caía bajo su dominio, y rehusaban molestarse por nada que no estuviera dentro de su poder o propósito, o malgastar el pensamiento y la emoción en ello. Los platónicos se esforzaban en fijar la mente, en reverente búsqueda, sobre los misterios de la vida.
Patanjali, el gran maestro del Yoga hindú, declaraba que el hombre sólo podía llegar a su verdadero estado mediante la afortunada práctica del completo dominio de la mente. El devoto religioso hace lo posible, llenando para ello su vida y ambiente de ceremonias y símbolos, repitiendo constantemente en el pensamiento los nombres de Dios, por estimular su mente para que mantenga cada vez más devotos sentimientos. El hombre que logra el conocimiento es tan decidido en su propósito que aprende hasta en las cosas más fútiles. Tal es el poder de la mente, que con su ayuda todo llega a servir a nuestro propósito, y tal el poder del hombre que puede doblegar la mente a su voluntad.

¿No vemos que la indecisión, el azoramiento, la ansiedad y la inquietud dan origen a enfermedades, debilidad, indigestión e insomnio? Aun en estos asuntos de pequeña importancia la práctica regular del dominio de la mente, hecha en una forma sencilla, actúa como una cura mágica. Es el mejor medio para escapar de la envidia, los celos, el resentimiento, el descontento, la ilusión, el engaño, el orgullo, la ira y el temor. Sin ella no puede efectuarse la formación del carácter, y con ella no puede fracasar. Todo estudio se torna fácil y próspero en proporción a la concentración mental con que se lo hace, y la práctica incremento enormemente los poderes reproductivos de la memoria.


MÁS ELEVADOS OBJETIVOS

Uno de los más elevados esfuerzos y objetivos de la concentración de la mente ha sido descrito por Annie Besant en su libro La Sabiduría Antigua, con elocuentes palabras:

El estudiante debe empezar a practicar una extrema temperancia en todas las cosas, cultivando un
estado ecuánime y sereno de la mente; su vida debe ser limpia y los pensamientos puros,
manteniendo el cuerpo en estricta sujeción al alma, y la mente adiestrada para ocuparse en nobles
y elevados asuntos; debe habitualmente practicar la compasión, la simpatía y la ayuda a los
demás, indiferente a las molestias y placeres que puedan afectarlo, y debe cultivar el valor, la
constancia y la devoción. Una vez que por la perseverancia práctica ha aprendido a dominar la
mente hasta cierto punto, de modo que puede mantenerla fija en una sola línea de pensamiento
por algún tiempo, debe empezar un adiestramiento más rígido por la diaria práctica de la
concentración sobre algún tema difícil o abstracto, o sobre algún elevado objeto de devoción, Esta
concentración consiste en el firme fijar de la mente en un solo punto, sin vagar y sin entregarse a
las distracciones que causan los objetos externos, la actividad de los sentidos o la mente misma.
Se la debe domeñar hasta conseguir una imperturbable tranquilidad y fijeza, de manera que
gradualmente aprenda a retirar su atención del mundo exterior y del cuerpo, cuyos sentidos
permanecen quietos y tranquilos, mientras la mente vive intensamente con todas sus energías
recogidas interiormente, lista para aplicarse a un solo punto del pensamiento, el más elevado que
pueda alcanzar. Cuando es capaz de mantenerse así con relativa facilidad, está lista para un
nuevo paso, en que por un poderoso y calmado esfuerzo de la voluntad pueda lanzarse por
encima del más elevado pensamiento a que pueda llegar mientras obra el cerebro físico, y en tal
esfuerzo elevarse hasta unirse con la conciencia superior, y así liberarse del cuerpo.


De esa vida superior que está más allá del cerebro encontraréis detalles en sus valiosos libros teosóficos, y de cómo abre ante el hombre infinitas perspectivas de conocimiento y poder, muy por encima de todo lo imaginable dentro de las necias limitaciones del cerebro. Pero si perseguís la vida espiritual por métodos más devotos, no por eso dejará de seros necesaria la concentración de propósito. Una antigua escritura dice que el devoto debe ver a Dios en todo y a todo en Dios.

Cualquier acción que realicéis: el comer, el sacrificaras, el dar, el esforzaras... hacedlo como una ofrenda a El. Y eso sólo puede hacerlo el hombre cuando ha adquirido la concentración. También para aquellos que llaman al portal del santo sendero encontramos escrito en el famoso libro A los pies del Maestro que el aspirante debe conseguir la unidad de propósito y el dominio de la mente.

Todavía en otro sentido se ha utilizado la concentración mental. La literatura religiosa está llena de notables ejemplos de la visión llevada hasta las cosas invisibles mediante la mente extasiada. Los yoguis y faquires hindúes enumeran ocho series de facultades y poderes, que incluyen la visión de lo ausente, del pasado y del futuro, el telescopio y el microscopio psíquico, el poder de viajar invisiblemente en el cuerpo sutil y otros... todos alcanzables por medio de la concentración.


Maravillosos como son estos efectos, y fascinantes como son el estudio y la práctica que a ellos conducen, no menos interesante y eficiente es la aplicación de la concentración al juego de nuestros sentidos normales, y para extender nuestro poder y conocimiento sobre el mundo que nos rodea en la vida diaria.

¿Qué significa, entonces, esta concentración, y qué práctica hemos de seguir para obtener el dominio de la mente?

No quiere decir que debemos estrechar, limitar, confinar nuestros pensamientos y actividades. No significa retirarse a las selvas o a las montañas. Ni tampoco perder la simpatía e interés por todo lo humano. Ni significa que la corriente de la vida se ha secado en nuestras venas, como el río del desierto en el árido estío. Sino que toda nuestra vida está inspirada en un solo propósito. Significa pensamiento y actividad siempre crecientes y más amplias simpatías, pues estamos siempre alerta para usar todas las cosas en un gran y único objetivo.





Libro





2 comentarios:

  1. Yo quiero. Abrir esa ventana, andar camino y aprender.
    Gracias por facilitar el acceso

    ResponderEliminar