lunes, 25 de julio de 2011

Soltar el control innecesario.

Cuando estudiamos la naturaleza, nos encontramos con que ésta está regida por una inteligencia que se manifiesta en las dinámicas de las fuerzas fundamentales, en la perfecta geometría en el diseño, en todos los procesos que comandan las funciones vitales de los organismos.

Nuestro cuerpo es un ejemplo clásico de esta inteligencia. Funciona las 24 horas realizando distintos procesos más allá de nuestra conciencia e intervención. Esos procesos son asombrosos y nunca aleatorios o azarosos.

La auto-regulación del planeta Tierra es otro ejemplo de esta inteligencia que subyace en la salinidad de los océanos, en la regulación de la entrada de los rayos cósmicos o en la auto-regulación de la biomasa.

Muchas personas me preguntan ¿Qué tengo que hacer frente a estos cambios planetarios? e incluso hacen cursos y pagan para aumentar la vibración y estar en resonancia con el planeta…

A ver, si llueve (un proceso natural), lloverá a pesar de lo que hagas. Este cambio planetario también es natural, y si la vibración de la Tierra aumenta, hagas lo que hagas tu vibración también aumentará. Hagas un curso o lo dejes de hacer, vives en la cavidad de resonancia terrestre y si ésta aumenta su vibración, pues TODO lo que se encuentre en esta cavidad, vibrará a frecuencias más altas.

Este “tengo que” se nos ha instalado en un proceso de educación manipulativa. Se nos educa para producir, para trabajar, para “hacer” y se nos va la mano, porque en esa sensación permanente de que “hay que hacer algo”, también queremos controlar los procesos naturales.

Entonces no confiamos en la naturaleza, en su inteligencia y en su capacidad. Tampoco confiamos en la capacidad natural de nuestro cuerpo a adaptarse a los cambios, a auto-curarse de las enfermedades y a auto-regularse.

Un ejemplo clásico: tomamos vitaminas. Sin embargo, tu cuerpo no absorberá vitaminas que no necesita…y tampoco absorberá vitaminas (aunque las ingieras) si existe en tí un proceso emocional que te lleve a bajar los niveles de inmunidad…
        

Eliminamos las bacterias usando todo tipo de productos anti-bacterianos como aerosoles y líquidos, y con ello matamos también a las bacterias que sirven para nuestra salud y protección, y además desequilibramos el mundo de las bacterias, tan esencial para nuestras vidas.

Lo controlamos todo. Y no sólo controlamos lo que hacemos nosotros sino que nos pasamos buena parte del día controlando lo que hacen los demás. Los juzgamos, miramos la paja en el ojo ajeno
Controlamos los rayos UV como si la Tierra no supiese hacerlo, controlamos el clima y controlamos el crecimiento de las plantas.

¿Cuál es el origen del control?

Pues el miedo. El miedo es el origen del control. La desconfianza. La falsa creencia en que si nosotros no intervenimos, todo saldrá mal.

A veces, y en muchas de las situaciones de la vida, hay que hacer exactamente lo contrario: SOLTAR Y CONFIAR.

Sabemos hace muchos años que la naturaleza actúa regulándolo todo en pro de la vida. Sabemos que la mayoría de las funciones del planeta son realizadas para conservar la vida en su seno. Lo viene haciendo hace miles de millones de años, y lo sigue haciendo hagamos lo que hagamos.

Un reciente estudio realizado por los investigadores Aapo Rautiainen, de la Universidad de Helsinki (Finlandia), y Paul Waggoner, de la Universidad Rockefeller (Estados Unidos), revela que los bosques de nuestro planeta están absorviendo mucho más CO2. La densidad forestal ha aumentado en 68 países que representan el 72% de la masa forestal mundial.

Tiramos agua dulce en el océano, pero la inteligencia de la que hablo, se ocupa de regular su salinidad y mantener la vida marina.

Creemos que controlamos todo, cuando el 90% de lo que hacemos cotidianamente está regulado por esta inteligencia, cuya naturaleza es omnipresente y cósmica.

Creemos que un psicólogo o un psiquiatra terminará con nuestra depresión invernal u otoñal, pero no podrás evitar que sea el clima (los meses en que hay menos luz solar) quienes cambien tu estado de ánimo.

Son mucho más potentes los factores NATURALES en el control de tu vida, que tu propia intervención conciente en ella. Dependemos de los ciclos lunares (¿qué vas a hacer?), de los ciclos solares (¿vas a controlar las tormentas solares también?), dependemos de las rutas orbitales de nuestro sistema solar en la galaxia…

¿Cuánta gente se pone a hacer dieta porque se ve gorda y no logra bajar? ¿No será que esa persona está pre-ocupada porque no llega a fin de mes, entonces su cuerpo absorve la mayor cantidad de grasas y proteínas posibles de los alimentos esperando que éstos no estén disponibles?

No son algunos, son TODOS los procesos vitales los que están regulados por una inteligencia cósmica, nuestra intervención es mínima.

Por lo que en muchas situaciones, se trata de soltar el control, soltar y confiar en la sabiduría de esta inteligencia evolutiva que lleva tantos años desarrollándose.


Me parece un insulto, cuando leo en algunos artículos que andan circulando por Internet que sólo evolucionarán los que estén espiritualmente preparados” ¿Qué estupidez es esa? Es lo mismo que decir que cuando venga un tsunami se salvarán los que vibren en armonía con la Tierra.

La evolución corre más allá de lo controlable. La evolución de los organismos es un juego que nos condiciona a todos, pero nosotros no podemos controlarla, no podemos dirigirla.

La evolución llega, hace que una nueva combinación de genes comience a expresarse y el papel del organismo es simplemente vivir esa experiencia. Pero nosotros intervenimos, queremos ser los manipuladores de la existencia.

Si por el contrario, comenzamos a soltar algunos de los controles innecesarios y hasta ridículos…por ejemplo: ¿Tú crees que si le dices a un alcohólico que deje de beber éste lo hará? Pues deja ya de fijarte en lo que bebe el otro, porque tú no debes controlar lo que hacen los demás y mucho menos cambiarlo.

¿Tú crees que podrás hacer que un fumador deje el tabaco porque tú se lo dices? Pues desengáñate: fumará más.

La adicción de los otros es un proceso de los otros, no es tuyo, por lo tanto debes soltar el control sobre lo que hacen los demás. Es más, controlar las adicciones de los otros es una enfermedad autodestructiva y se llama co-adicción.

Esta enfermedad autodestructiva surge por la incapacidad de resolver los problemas propios. El controlador delega la atención que debería tener en mismo y la pone en lo que hace el otro. Así, mientras cree que está ayudandoal pobre adicto en realidad está descuidando su propio organismo evadiéndose de poner la atención en sus propios problemas.

¿Cuántas veces ponemos la ATENCION en lo que hacen o dejan de hacer los demás? Eso es un mal síntoma. Un muy mal síntoma.

La enfermedad del CONTROL es una de las más comunes de nuestra sociedad. Viene dada por la evasión y por el miedo. Como no tenemos confianza, tenemos miedo a perder el control, no confiamos en que las cosas pueden salir bien si no intervenimos.

Y además el control es el síntoma más claro de una adicción, somos sociedades de consumo y por lo tanto en nuestras sociedades somos adictos. Con esa adicción (a lo que sea, a la TV, a la información, al tabaco, al alcohol, a las personas), vienen las conductas de control añadidas.

Entonces nos convertimos en controladores. Lo medimos todo, lo cuantificamos todo, queremos tenerlo todo en orden.

Y eso es una ilusión.

Porque el orden no viene dado por lo que hagamos, sino por fuerzas mucho más poderosas que dependen de órbitas planetarias, de densidad del plasma solar, de ciclos cósmicos y de procesos evolutivos en constante desarrollo.

Más bien, somos resonadores, actuamos como osciladores armónicos, de la información que vuela en el campo noosférico. Las energías que nos llegan, las vibraciones, la codificación y la información resuena, en nosotros y actuamos como amplificadores, siempre y cuando no intervengamos con nuestro control enfermizo.

Ocuparse de uno mismo, es la tarea más digna de un organismo. Porque hacer eso (si sientes la necesidad imperiosa siempre de hacer algo), mágicamente (naturalmente) hace que contribuyas al desarrollo y la evolución de los demás.

Antes de “hacer algo” fíjate si ello es intervenir en el proceso de otros, o realmente hacer algo por tu propia vida.

Porque si intervienes, puede que estés interfiriendo esa resonancia, cambiando su curso. En cambio si te dejas llevar, si no te opones a la realidad y la aceptas tal y como viene, te conviertes en lo que realmente debes ser: un osciladior armónico de la naturaleza. Un fractal exacto de la inteligencia cósmica.




Controlamos el tiempo, con un calendario gregoriano arbitrario que ni siquiera sigue los ritmos 
cósmicos...

El humano que vive en la naturaleza no tiene reloj. Lo despierta su glándula pineal (ajustada al reloj biológico), cuando ésta recibe las frecuencias exactas de luz solar que indican que ha llegado la hora de despertar.

Sale a buscar comida porque tiene hambre, lo hace cuando su cuerpo se lo pide. No tirará la flecha antes de que la presa esté en el lugar exacto: esperará a que las señales se lo indiquen. Escuchará la selva, escuchará las señales y se adaptará.

Se irá a dormir cuando se lo diga la Tierra, cuando su pineal sepa que es de noche, del mismo modo que lo hacen todos los mamíferos cuando llega la hora. Pero este humano natural, no sabe que existe una glándula pineal, simplemente se deja llevar por lo que siente.

SENTIR.

Una función vital y fundamental de la existencia. Nos pasamos tanto tiempo controlando, que no prestamos atención a lo que sentimos.

Y en el sentir está la guía de supervivencia de cualquier organismo. Sentir es tener la ATENCION en lo que se siente, y no tenerla en controlarlo todo o tener la ATENCION en lo que hace el otro.

Soltar el control y dejarse llevar, significa atender a lo que sentimos, darle rienda suelta a las emociones para que éstas se expresen como guías de supervivencia.

Por último: no necesitas ningún curso para evolucionar, simplemente evolucionarás y eso será irremediable.

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